Revista Latina

 

   

LAS TRAMPAS DE LOS PERIODISTAS

Barcelona: Francesc Burguet Ardiaca

   
    Reseña realizada por Alberto Ardèvol Abreu  

 

 

 

 

 

Francesc Burguet Ardiaca es periodista y profesor en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Barcelona y de la Universidad Ramón Llull. En esta obra, Burguet desmonta las tesis objetivistas sobre las que se ha construido la credibilidad informativa, afirmando que todo el proceso informativo es subjetivo, lleno de opiniones y valoraciones, ya sean explícitas o implícitas. Pero esto no hipoteca  —ni deja de hipotecar— la calidad informativa, que dependerá más bien de la competencia (textual y contextual) del periodista y también de su voluntad.

¿Es el periodista un espejo de la realidad, un simple transmisor de hechos e informaciones que acontecen en la sociedad? O mejor aun, ¿puede algún periodista llegar a ser tal cosa? Los periodistas suelen presentar las noticias de actualidad como hechos irrefutables y no como una sucesión de interpretaciones y valoraciones, en las que la propia subjetividad del informador, unida a las rutinas de de producción de la información o los intereses particulares de cada medio de comunicación, dan como resultado una versión de los hechos, pero no la única ni la cierta. El “así son las cosas y así se las hemos contado” con que finalizaba sus locuciones un conocido periodista televisivo resume perfectamente esta ilusoria fiebre de la objetividad informativa que tanta tinta ha hecho correr en textos académicos, códigos deontológicos, libros de estilo y páginas de periódicos.

La credibilidad informativa se ha edificado en base al archirrepetido “comment is free, but facts are sacred”, que nace de una estrategia comercial de la prensa para convencer al lector de que no será manipulado y así llegar a un público más amplio. Este principio ha devenido en una satanización de la opinión y un ascenso a los altares de la información, como si la manipulación y la persuasión fuesen patrimonio exclusivo de los editoriales y las columnas de opinión. El autor, por el contrario, presiente que la mayor potencia persuasiva se ejerce de manera más sutil y, en consecuencia, eficaz, a través de los géneros tradicionalmente llamados “de información”. Nunca ha resultado tan sencillo como hoy engañar y manipular sin utilizar mentira alguna, utilizando solamente datos ciertos y contrastados. Y es que, en opinión de Burguet,

Se puede ser tan tendencioso, sectario, perverso o deshonesto con la redacción
impersonal, descriptiva, objetivada, de un texto informativo como con el artículo de opinión más tramposo, con la notable diferencia de que en el caso de la opinión todo el mundo da por descontadas la subjetividad, la intencionalidad y la parcialidad, mientras que en el caso de la información toda esa patología se soslaya. O bien se disimula. O directamente se oculta. (pág. 91).

Los medios se resisten más a ceder el poder de los espacios informativos que de los opinativos: es frecuente encontrar articulistas y contertulios contrarios a las ideas o a la línea editorial del medio. La información es enormemente útil para dar a entender, sugerir, insinuar cosas que no  pueden decir abiertamente, cosas que no se pueden demostrar. Llevando la idea al extremo y, de forma casi paradójica, Burguet previene más contra la información que se cuela en las páginas de opinión que contra la opinión que se da en las páginas de información.

Para elaborar cualquier texto periodístico, incluidos, por supuesto, los textos clásicamente considerados “informativos”, el periodista ha de convertir los hechos en palabras, para lo que, forzosamente, ha de llevar a cabo una tarea interpretativa y valorativa. El subjetivismo, la intencionalidad, la valoración, la interpretación y la opinión, por tanto, están presentes en las tres etapas de la labor informativa (pretextual, textual y supratextual). La primera decisión que se toma (la valoración pretextual) es quizás la más determinante, influyente, subjetiva e intencional de todas: qué va a convertirse en noticia y qué no. Lo que se calla es a veces más importante que lo que se dice. Cada noticia, cada titular, cada versión de la realidad, esconde un silencio: el de todas las noticias desestimadas, los otros titulares posibles y las versiones no relatadas.

¿Qué sentido tiene, entonces, el eterno debate entre objetividad y subjetividad, o sus sucedáneos más recientes, como el de honesta subjetividad, veracidad o imparcialidad? La acumulación de datos ciertos no origina, en contra de lo que ha hecho creer al gran público, una información verdadera, cierta, objetiva. Una noticia no es sólo una acumulación de datos, sino que éstos han de ser interpretados y contextualizados para poder ser comprendidos, originando una construcción de la realidad, un framing o encuadre noticioso.

Pero los defensores de la objetividad, empecinados en construir relatos si no objetivos, al menos que así lo parezcan, han creado toda una “retórica de la objetividad”. Y uno de los instrumentos de esta retórica es el empleo de un estilo impersonal, descriptivo y preciso, que provoca que algunos reporteros lleguen a convencerse de que las piezas informativas que elaboran tienen garantía de objetividad. Una cosa es el estilo y otra la información, y en ocasiones, tras esta apariencia objetivadora, se esconde un fraude informativo, una engañifa, más útil cuanto más impersonal parezca. En definitiva, al no poder elaborarse textos objetivos y carentes de intencionalidad, se elaboran textos que disimulan su naturaleza subjetiva e intencional y que, en definitiva, relatan los hechos de tal forma que parezcan verdad.

Una de las herramientas que permite crear este estilo impersonal, descriptivo y preciso es la de la literalidad, que contribuye a dar apariencia de objetividad. El entrecomillado, el periodismo de declaraciones, es uno de los elementos en los que suele apoyarse el lenguaje periodístico para crear la ilusión objetivista, olvidando la importancia del contexto de situación para la comprensión de las palabras. La comunicación es, en buena medida, una negociación o cooperación entre emisor y receptor, que aportará uno u otro significado en función de la carga prosódica, paralingüística, del contexto (espacial, temporal, personal, social, cultural…) El significado será un proceso cognitivo de construcción y reconstrucción entre los interlocutores.

Las trampas de los periodistas es, por tanto, un libro crítico y provocador, que llevará al lector a una profunda reflexión sobre las capacidades y las limitaciones del lenguaje para describir la realidad, para deformarla e incluso para crear otras realidades más o menos paralelas o perpendiculares a la que nos ha tocado vivir.  Un libro que, además de proponer una reflexión crítica, apoya la labor del periodista competente y comprometido con su trabajo, que es capaz de colocar una fotografía (noticia o hecho) en una secuencia de imágenes que nos permite comprender e interpretar esa fotografía, teniendo en cuenta que esa secuencia es sólo una secuencia, y no la secuencia.

 

 

Editorial: Trípodos

2008

ISBN

978-84-935360-6-0

296 pág.

 

   
http://revistalatinacs.org/l/trampas.htm