Revista Latina

 

   

El nuevo dardo en la palabra: el uso incorrecto de la lengua, de Fernando Lázaro Carreter

 

   
    dardo  

Santillana Ediciones Generales, S.L.,

Torrelaguna (Madrid), 2003


ISBN:

978-84-663-6954-1

pp. 289

 

 

 

 

 

En esta segunda entrega, Fernando Lázaro Carreter da continuidad, a partir de su primer ensayo  El dardo en la palabra, a la recopilación de artículos en los cuales analiza aquellos fenómenos lingüísticos que adquieren una frecuencia de uso suficiente como para suponer una amenaza al castellano. Con finísima ironía, detecta su evolución temprana y los sigue hasta su consumación.

Fernando Lázaro Carreter (13 de abril de 1923 - 4 de marzo de 2004) fue filólogo español y miembro de la Real Academia Española desde 1972, la cual presidió en dos ocasiones. Nació en Zaragoza, donde realizó sus estudios de bachillerato e inició sus estudios superiores, licenciándose con posterioridad en 1945 en Filología Románica por la Universidad Autónoma de Madrid.

Fue catedrático de Lingüística General y Crítica Literaria en la Universidad de Salamanca y de Lengua Española en la Universidad Autónoma de Madrid, además de fundador del Departamento de Español Urgente de la Agencia Efe.

La obra se estructura en un prólogo en el que su autor declara su necesidad y  los  objetivos al publicarla. En el mismo estudia además, con la gran erudición que le caracteriza y ya desde sus orígenes, el fenómeno de la introducción de voces nuevas en el idioma.

Al prólogo le siguen los artículos clasificados en aquellos años entre 1999 y 2002 en los que fueron publicados, cada uno bajo su propio título referido a su principal fenómeno lingüístico o a su contexto, y cuyos contenidos adicionales, en ocasiones, se entrecruzan repetitivamente.

A mi juicio, la obra apenas tiene otro defecto que el de exceder el estilo periodístico, pues se presenta bajo el formato literario de breves ensayos satíricos llenos de talento y del agudo ingenio mordaz al que metafóricamente se refiere su título.

Sin duda, su gran calidad compensa a sus lectores de lo exhaustivo de las indagaciones y de la precisión abrumadora de sus conclusiones; no obstante, de ellos se sigue una progresiva sensación de ignorancia que acaba, hacia el final de la obra, en cierta depresión ocasionada por una crisis de autoestima. Al menos, este fue mi caso… ¿Sensibilidad a la recriminación?...  ¡A saber!

Ciro Enrique Hernández Rodríguez, La Laguna

 

   
   
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