Revista Latina

Reseñas de libros - 2014

Los cínicos sirven para este oficio

Título: El reportero Billie Wilder. El retrato ácido y nostálgico del periodismo en El Gran Carnaval y Primera Plana.
Autor: Simón Peña Fernández.
Editorial: Comunicación Social (Salamanca, 2014).
ISBN: 978-84-15544-60-9.
Depósito legal: S.16-2014
207 páginas.
Reseña de Iñaki Lazkano

4

 

Guillermo Cabrera Infante, en un pasaje de su sugestiva obra Cine o sardina, atribuye el cinismo vienés de Billy Wilder a “su coterráneo y predecesor Arthur Schnitzler”. Simón Peña, empero, nos remite a un origen más humilde y menos eminente, puesto que sitúa las raíces de ese agridulce cinismo en la experiencia periodística del director de El apartamento (The Apartment, 1960) en la Europa de entreguerras.

El reportero Billie Wilder, tal y como su título evidencia, ahonda en la juventud como periodista del director austriaco en Viena y Berlín. No obstante, no se trata únicamente de una semblanza de los inicios como reportero del gran cineasta. El libro, además de reconstruir fielmente esa oscura pero apasionante época, analiza en profundidad las películas El gran carnaval (Ace in the Hole, 1951) y Primera plana (The Front Page, 1974); las dos obras de Wilder en las que confluyen cine y periodismo.

Con un estilo ágil y dinámico, el autor revela el perfil soterrado del genio austriaco en la primera parte del libro. Así, pese a que se explicitan anécdotas tan deliciosas como la de la frustrada entrevista con Sigmund Freud, lo que más sorprende es la implicación de Wilder en las artimañas más subrepticias del periodismo sensacionalista del período. Fundamentalmente, los episodios de corrupción relacionados con su paso por el periódico Die Stunde. Son hechos poco conocidos de la biografía de Wilder en los que se indaga con el apoyo de una documentación detallada y rigurosa.

El estilo y la trayectoria periodística del joven Wilder, además de alimentar esa amarga ironía tan característica de su cine, dieron lugar a dos incisivas películas sobre el oficio que Gabriel García Márquez consideraba el mejor del mundo. La segunda parte del libro, precisamente, se centra en el análisis de El gran carnaval y Primera Plana.

La película protagonizada por Kirk Douglas muestra, con absoluta crudeza, el reverso oscuro de las historias de interés humano. En el estudio de El gran carnaval, se desentierra del olvido el inusitado interés que causó el cautiverio y la muerte de Floyd Collins en una cueva de Kentucky en 1925, suceso que sirve de inspiración a Wilder para recrear dicha historia desde un punto de vista aún más sombrío. No en vano, Chuck Tatum es la antítesis del heroico y altruista William Burker Miller; un periodista sin escrúpulos en busca de la notoriedad perdida que coquetea sin pudor con el sensacionalismo más pernicioso. Sin embargo, según el autor, la denuncia del film alude directamente a la sociedad estadounidense. En palabras de Román Gubern, es “un retrato del sadismo colectivo, que hace del sufrimiento ajeno una gozosa mercancía”.

Primera Plana, por su parte, dinamita el modo de entender el periodismo que nos legó Ryszard Kapuscinski. Los cínicos, no solo sirven para este oficio, sino que se apropian de él. Los corrosivos y mordaces diálogos escritos por Ben Hecht y Charles MacArthur evocan la experiencia periodística del ladino reportero Billie en la prensa sensacionalista europea. En modo alguno nos encontramos ante una visión irreal y satírica, sino ante un claro reflejo de la época dorada del periodismo amarillo.

El reportero Billie Wilder es una obra vibrante. Sutil y rigurosa. Amena pero profunda. Medita sobre aspectos esenciales de la prensa y revela el origen semiautobiográfico de la imagen fílmica del periodismo que edifica Wilder; un retrato crítico, entre cáustico y nostálgico, que denuncia la falta de ética y desvela sus íntimas relaciones con el poder político. En definitiva, se trata de un buen libro que invita a la reflexión adoptando el credo del genial director austriaco: ser hondo e intenso sin renunciar al entretenimiento.