Revista Latina

Reseñas de libros - 2014

El Madrid de los excluidos

Madrid. Visiones cinematográficas de los años 1950 a los años 2000.

Autor: Manuel de la Fuente Soler

Editorial Atlande (París, 2014)

ISBN: 9782350302478
189 páginas
Reseña de Guillermo López García

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Este libro contiene algunas claves en su lógica estructural, su temática, y también su autoría, que le otorgan una caracterización particularmente valiosa, tanto para el especialista en la materia como para el público general. En primer lugar, se trata de un trabajo pensado para el público francés, pero centrado en un sector del público especializado en los estudios vinculados con España y la cultura española. Por ese motivo, el libro está publicado en Francia, pero la lengua vehicular de sus contenidos es el español. A su vez, el planteamiento de partida del trabajo, así como de la colección a la que pertenece, “Clefs concours Espagnol”, determina que el análisis que se nos ofrece no sea puramente cinematográfico, sino que requiera también de ciertas dosis de contexto histórico, político y social.

Precisamente por ello, el trabajo de Manuel de la Fuente se nos ofrece deslindado en dos partes claramente diferenciadas, a la par que complementarias: un contexto histórico-político que ocupa la primera mitad del libro, y en el que se inscriben los directores de las películas seleccionadas, en primer lugar; y el análisis pormenorizado de las películas en sí, a continuación.

La estructura planteada por el autor responde a las características del tema central del libro -la representación de la ciudad de Madrid, desde la posguerra y hasta el fin del siglo XX, a través de diversas películas españolas particularmente relevantes-, que se inscribe en una lógica narrativa que privilegia la evolución histórica del país y de su capital, que vive el trauma de la Guerra Civil española, a su vez culminada en una dictadura militar de 40 años de duración, y que desemboca finalmente en una democracia en algunos aspectos prometedora e ilusionante. Pero que se verá en cierta medida truncada por las renuncias ideológicas de muchos actores sociales (y también ciudadanos anónimos), combinadas con (o suscitadas por, al menos en parte) los excesos de la economía de mercado y el fomento de las desigualdades. El cine, naturalmente, no es ajeno a estas lógicas discursivas, pero tampoco a su crítica, a la denuncia de la situación: de los excesos e insuficiencias en materia de libertades y también en lo que concierne a los planos económico y social.

El análisis del contexto muestra dos virtudes del autor, que Manuel de la Fuente ya había desarrollado en trabajos anteriores. La primera, su capacidad de síntesis e integración en un discurso vigoroso de diversas tradiciones y aproximaciones culturales, teóricas e históricas (por ejemplo, en su primera monografía, sobre la trayectoria del músico Frank Zappa y su dimensión política: Frank Zappa en el infierno: el rock como movilización para la disidencia política. Biblioteca Nueva, 2006), que aquí aparece plenamente desarrollada en un trepidante, y muy eficaz, recorrido por el siglo XX español, y que abarca referentes teóricos y culturales provenientes de disciplinas diversas, como el cine –naturalmente-, pero también la historia, la economía, el derecho o el periodismo.

Por otro lado, y aquí llegamos a la segunda virtud que queríamos destacar, se detecta sin género de dudas un enfoque propio en el análisis de De la Fuente, caracterizado por su preocupación por las desigualdades del sistema social y la necesidad de reivindicar los discursos contestatarios con el poder, en sus diversas formas (político, económico, cultural, institucional). En este sentido, se podría decir que estamos ante un planteamiento ideológico, sin que esto suponga, en modo alguno, menoscabo del rigor científico y el aparataje teórico que alumbran este trabajo; que son, en ambos casos, contundentes.

Esta noción del compromiso social, así como del valor de los productos culturales como representación de la sociedad, de hegemonías, pero también de insuficiencias, queda también de manifiesto en la selección de las películas que propone Manuel de la Fuente, que conforman una ciudad, Madrid, en perpetuo (y, generalmente, desordenado) crecimiento. Una ciudad a veces inhóspita, inhumana, hostil y violenta para sus propios ciudadanos. Y, sobre todo, para los más débiles: inmigrantes, marginados, disidentes, clases o géneros desfavorecidos, que serán los protagonistas de las películas que analiza el autor.

Se trata, en concreto, de las películas Surcos (José Antonio Nieves Conde, 1951); Los golfos (Carlos Saura, 1959); ¿Qué hecho yo para merecer esto? (Pedro Almodóvar, 1984); Madrid (Basilio Martín Patino, 1987); El día de la Bestia (Álex de la Iglesia, 1995); y Barrio (Fernando León de Aranoa, 1998). Conviene señalar que hay una película, Madrid, que trunca el orden cronológico, puesto que Manuel de la Fuente la analiza antes que a ¿Qué he hecho yo para merecer esto?. No en vano el director de Madrid, Basilio Martín Patino, se inscribe en una tradición cinematográfica y una propuesta narrativa anteriores a las que caracterizan a Almodóvar, procedente de la “movida madrileña” de la década de los 80.

Cualquier selección de películas, con un arco temporal (de 1950 a 2000) y temático (la ciudad de Madrid, que es tanto la capital como la ciudad más poblada de España, e inevitablemente su centro no sólo administrativo, sino también cultural, político y económico) de estas características, resultará siempre, necesariamente, sujeto a discusión. En este caso, como no se le escapará al lector al revisar los títulos de los que hablamos (y no sólo los títulos, sino también sus directores), Manuel de la Fuente nos propone una línea de planteamientos cinematográficos, y sobre todo temáticos, en relación con la ciudad de Madrid, de gran coherencia, que emana de la mencionada preocupación por analizar las repercusiones sociales de los productos culturales y, también, su papel como reflejo de determinados colectivos, situaciones y roles sociales ignorados o ninguneados por parte del poder. Como indica el propio autor al final del libro:

El cine ha sido reflejo y catalizador de estas tensiones, constituyéndose en testigo del desarrollo urbanístico, el ensanche de la ciudad, la creación de poblados de chabolas y la marginación de sectores condenados al extrarradio, pero también ha servido para alertar de estas situaciones que no aparecen en los discursos oficiales. Se trata de una circunstancia que une a todas las películas que hemos visto en este trabajo, desde Surcos hasta Barrio: en todas ellas existe la voluntad de ofrecer también una reflexión sobre el espacio, sobre una ciudad y sus habitantes que no suele ser el centro de atención de los gobiernos (pág. 140).